El cosquilleo se hacìa cada vez màs intenso... No se sabìa con exactitud de dònde venìa, Què te sucede, preguntò su madre una y otra vez como respuesta a la risita espontànea y sorpresiva de su hijo, Nada, sòlo un cosquilleo, contestaba el niño riendo inocentemente.
Què raro es, decìan en su escuela, La verdad no me parece una conducta normal, le decìan la vecinas a su madre, Y què sugieren, que lo envìe a un hospital, contestaba su madre con justa indignaciòn ante la agresiòn moral hacia su hijo, las vecinas chismosas se quedaban calladas pues nada habìa què hacer contra una conducta tan inocente. El niño no mostraba muestras de indignaciòn ante aquella sugerencia oculta que les hacìan a èl y a su madre las señoronas, màs bien mostraba alegrìa, pues el niño sòlo sentìa un cosquilleo que lo hacìa sonreìr, y no sòlo el cosquilleo, si no el recuerdo. Y es que nadie le habìa atribuido ese cosquilleo al amor.
La veìa tras las ventanas caminar hacia el àrea de juegos de la escuela, su largo cabello negro y su piel morena le provocaban un cosquilleo en serio y no le molestaba, como se menciona antes, se sentìa còmodo con èl pues era un recordatorio de la chica de cabello negro cuyo nombre jamàs se supo ni se sabrà, pues el niño avergonzado de su piel blanca y sus ojos verdes ante el negro carbòn de los ojos y la piel de noche de su niña amada pensaba que era de escaso color, una vergüenza de las que se sienten sòlo a esa edad, apaciguada por un cosquilleo que pronto dejarìa de sentir al empezar a jugar videojuegos de niño grande u ocupara su mente un importante partido de football, un examen de admisiòn o un trabajo importante y que sòlo regresarìan al abrir el clòset y encontrarse detràs de las cajas aquel baùl de madera azul que guardaba su inocencia en fotografìas de papel.

Dando vueltas como una espiral, adornado con felices colores vividos, en un cono invicible, el dulce sabor de tu helado, que mi boca muere por probar una vez mas.
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